Sevilla tiene un color especial, y con Raphael más todavía. La noche del 18 de junio en la plaza de España sevillana lució esplendorosa con el artista de artistas. Fue todo un éxito de convocatoria y Raphael encandiló a los presentes.


 Almuerzo de amigos Raphaelistas
 Un momento de tantos en los que los Raphaelistas aguardamos el momento de ver la salida de nuestro artista de su hotel.
 Raphael dirigiéndose al concierto
 Grupo de Raphaelistas preparadas para vivir una gran noche
 Raphaelistas disfrutando de los momentos previos
 Amigos Raphaelistas a punto de disfrutar de lo lindo
* VÍDEOS + FOTOS CONCIERTO *
- YO SIGO SIENDO AQUÉL + CIERRO MIS OJOS + DIGAN LO QUE DIGAN https://www.youtube.com/watch?v=W0UEDT--N5U&list=RDW0UEDT--N5U&start_radio=1
- MI GRAN NOCHE https://www.youtube.com/watch?v=Wqo7eHtKaOU
- LA VIDA EN ROSA https://www.youtube.com/watch?v=mNBG-gH6evQ&list=RDmNBG-gH6evQ&start_radio=1
- QUÉ SABE NADIE https://www.youtube.com/watch?v=Bl4iViLTX0o&list=RDBl4iViLTX0o&start_radio=1
- COMO YO TE AMO https://www.youtube.com/watch?v=YLibVQ-Eruc&list=RDYLibVQ-Eruc&start_radio=1




* NOTICIAS CONCIERTO *
* SEVILLA VIBES ------------------------
Raphael conquista Icónica Sevilla Fest con una noche de emoción, elegancia y grandes recuerdos en la Plaza de España.
La Plaza de España de Sevilla volvió a vivir una de esas noches que quedan grabadas en la memoria colectiva. En el marco de Icónica Santalucía Sevilla Fest 2026, Raphael ofreció un concierto cargado de emoción, talento y cercanía que reunió a miles de personas en uno de los escenarios más espectaculares del panorama musical europeo.
Desde mucho antes del inicio del espectáculo, el ambiente en los alrededores del recinto ya anunciaba una cita especial. Familias enteras, seguidores de toda la vida y nuevas generaciones acudieron a la llamada de una leyenda viva de la música española que, tras más de seis décadas sobre los escenarios, continúa despertando la admiración del público allá donde actúa.
Una conexión única con Sevilla Raphael mantiene desde hace décadas una relación especial con Sevilla y esa complicidad volvió a hacerse evidente desde su aparición sobre el escenario. Recibido con una gran ovación, el artista se mostró cercano, agradecido y visiblemente emocionado por regresar a una ciudad que siempre le ha demostrado un enorme cariño.
La majestuosidad de la Plaza de España aportó un marco incomparable a una actuación que combinó la elegancia habitual del cantante con una producción cuidada y una puesta en escena sobria, donde la verdadera protagonista fue la música.
Un recorrido por los grandes éxitos de su carrera Durante más de dos horas, Raphael ofreció un viaje musical por algunas de las canciones que han marcado la historia de la música en español. El público respondió desde el primer momento, coreando temas que forman parte de varias generaciones y que continúan manteniendo intacta su capacidad para emocionar.
Canciones como Mi gran noche, Digan lo que digan, Yo soy aquel o La noche fueron recibidas con entusiasmo por los asistentes, que acompañaron al artista en cada interpretación convirtiendo el concierto en una auténtica celebración colectiva.
La fuerza interpretativa, la personalidad escénica y la capacidad de transmitir emociones siguen siendo algunas de las señas de identidad de un artista que ha sabido mantenerse vigente generación tras generación.
Un ejemplo de entrega y profesionalidad Uno de los aspectos más destacados de la actuación fue la extraordinaria energía mostrada por Raphael durante todo el concierto. Lejos de limitarse a interpretar sus canciones, el cantante volvió a demostrar una capacidad única para conectar con el público, haciendo que cada tema se convirtiera en una pequeña historia cargada de sentimiento.
La banda que le acompañó ofreció un sólido respaldo musical, permitiendo que cada canción brillara con fuerza propia en una noche donde la calidad artística fue la gran protagonista.
Icónica Sevilla suma otra noche para el recuerdo El concierto de Raphael volvió a confirmar el excelente momento que atraviesa Icónica Santalucía Sevilla Fest, un festival que ha conseguido convertir la Plaza de España en uno de los grandes templos de la música en directo de Europa.
La combinación entre patrimonio, cultura y grandes artistas continúa siendo una fórmula de éxito que atrae cada año a miles de espectadores y sitúa a Sevilla en el centro de los grandes circuitos musicales internacionales.
Una leyenda que sigue emocionando Cuando las últimas notas resonaron en la Plaza de España, el público respondió con una larga ovación que resumía perfectamente lo vivido durante la noche. Raphael no solo ofreció un concierto; ofreció una demostración de experiencia, talento y pasión por la música.
A sus más de sesenta años de carrera, el artista sigue manteniendo intacta la capacidad de emocionar y llenar escenarios, confirmando que su figura forma ya parte de la historia cultural y musical de España.
Sevilla Vibes estuvo presente para vivir una noche mágica en la que Raphael volvió a demostrar que las leyendas no envejecen, simplemente continúan haciendo historia.
* DIARIO DE SEVILLA ---------------------------
RAPHAEL | Crítica
Raphael sigue siendo aquel que detiene las horas.
El cantante llegó a la Plaza de España con 'Raphaelísimo', dentro de Icónica Santalucía Sevilla Fest, y convirtió la noche en una afirmación de presencia, repertorio y dominio escénico Raphael paró las horas.

Cuando vi a Raphael por última vez en la Plaza de España, en el ya lejano Icónica de 2021, podía escribir todavía con cierta ligereza aquello de que el hombre llevaba sesenta años cantando y seguía pareciendo el mismo muchacho grave, desmesurado y magnético que llenaba él solo el televisor en blanco y negro de media España. Ahora la frase exige más cuidado, porque en estos años han pasado muchas cosas, algunas de ellas de las que obligan a medir las palabras para no convertir una crónica musical en un informe médico. Pero el escenario, que al final es donde Raphael siempre ha dado sus explicaciones más convincentes, volvió a decirlo todo antes incluso de que él dijera casi nada.
La noche, canción de apertura y también materia viva sobre el recinto, empezó a caer sobre el concierto y su decorado casi irreal, levantado únicamente para que Raphael entrara en él como entran los personajes que no necesitan presentación. Vestido de oscuro, con ese punto de solemnidad brillante que en otro cualquiera rozaría el amaneramiento de un galán de otra época y en él parece uniforme de trabajo, apareció con los brazos abiertos y el público entendió enseguida que no estaba asistiendo sólo a otro concierto de grandes éxitos. Había algo más: el alivio de verlo allí, la emoción de comprobar que seguía gobernando la noche y la rara certeza de que algunas voces no envejecen exactamente, sino que aprenden a negociar con el tiempo.
Yo sigo siendo aquel llegó enseguida, Raphael la cantó con el énfasis de quien sabe perfectamente que cada palabra pesa más que antes. Después vinieron Cierro mis ojos y, sobre todo, Digan lo que digan. Con ella, la silla del escenario dejó de ser un elemento de atrezzo y el público, que llenaba el recinto empezó a cantar, como ocurre siempre con él, porque esas canciones las guarda desde hace mucho en habitaciones distintas de la memoria: en bodas, separaciones, televisores familiares, viajes en coche, domingos de radio, bares con cortinas de humo y salones donde alguien, alguna vez, levantó un brazo intentando imitarlo sin conseguirlo jamás.
Porque Raphael, conviene recordarlo, no canta sólo con la voz. Canta con las manos, con las cejas, con la cintura, con los silencios y con esa forma suya de mirar de lado como si acabara de descubrir una traición sentimental en la tercera fila. Cuando otros intérpretes dramatizan las canciones, él las convierte en pequeñas escenas de teatro moral. En Mi gran noche puso en pie a la plaza; una canción que ya no depende de la edad de quien la canta ni de quien la escucha. Aquí no había nostalgia, esto era una fiesta transmitida de padres a hijos, de abuelos a nietos y de Raphael a todos ellos, una modalidad propia de herencia sin notario ni impuestos, inventada por este inmenso artista.

La estructura de Raphaelísimo está pensada con inteligencia. No se limita a colocar los cañonazos en fila, porque eso sería fácil y también sería injusto con un artista que nunca ha entendido su repertorio como un museo de cera. Tras el primer golpe de clásicos, el concierto bajó la luz interior con Amo, Si no estuvieras tú, Tema de amor y Los hombres lloran también. En esos momentos apareció otro Raphael: más quieto, más sentado, más consciente de la gravedad de cada frase, pero no menos dueño de la situación. La silla, lejos de restarle presencia, se convirtió en un elemento dramático más. Raphael sentado no parecía descansar, parecía que estaba concediendo al mundo unos segundos para ponerse a su altura.
El bloque dedicado a la canción francesa dio al concierto uno de sus tramos más elegantes. Padam padam, La vida en rosa y el Himno al amor conectaron la gira con Ayer... aún, ese disco reciente en el que Raphael ha vuelto a mirar hacia la chanson francesa, que siempre estuvo en algún rincón de su manera de cantar incluso cuando cantaba a Manuel Alejandro. El viaje continuó con Malena, a medio camino entre el tango y el confesionario, y permitió comprobar algo que a menudo se olvida entre tanto gesto y tanta leyenda; Raphael es un intérprete extraordinariamente culto. Sabe de dónde vienen las canciones, qué aire necesitan, qué palabra conviene dejar suspendida y qué nota no hace falta forzar para que duela más.
Luego regresó a su territorio natural, que no es exactamente la canción melódica, ni el pop, ni el bolero, ni la copla, aunque de todo eso haya en su mundo. Su territorio natural es Raphael. Estuve enamorado volvió a demostrar que puede convertir un despecho en pieza de orfebrería rítmica; la intro y la salida fueron notas de Day Tripper, no sé si tuvo algo que ver que era el cumpleaños de Paul McCartney. Amor mío y Cuando tú no estás abrieron la zona más vulnerable de la noche, Raphael siempre ha sido un experto en cantarle al dolor con tanta elegancia que hasta el sufrimiento se vuelve bello. Y Que nadie sepa mi sufrir funcionó como ese tipo de canción que parece haber nacido antes que todos nosotros. Con La Llorona, el concierto se permitió un recogimiento distinto, más oscuro, casi fantasmal, antes de que Estar enamorado, Ámame y En carne viva devolvieran la temperatura emocional a ese punto en el que Raphael ya no interpreta los sentimientos, es que los acorrala. Si, como yo, llorasteis con esas palabras de ni siquiera pronuncies su nombre, que aún mi alma está hecha jirones, no os preocupéis, que nuestras lágrimas no eran de debilidad sino de las de despedida, de las que limpian, de las que dejan el alma en carne viva, sí, pero también la preparan para que la piel nueva pueda crecer sin costra.

En 2021, en esta misma Plaza de España, se quedó flotando una pequeña deuda. Yo soy aquel figuraba entonces en el setlist, pero no terminó de sonar como broche final. Esta vez Raphael la guardó para terminar el set tras Qué sabe nadie, y ahí la canción adquirió un sentido casi perfecto. Después de todo lo vivido, después de tantos rumores, diagnósticos, parones, regresos y titulares, cantarla al final no era mirar al pasado sino responder al presente. Yo soy aquel ya no sonaba como una tarjeta de presentación, sino como una prueba de supervivencia artística. Y pocas canciones de la música española soportan mejor ese peso. Sobre todo, si la instrumentación que la acompaña es capaz de llenar la plaza de unos aires techno que no la convirtieron en una rave porque ya éramos todos bastante talluditos.
El tramo final fue una lección de administración del exceso. Se nos rompió el amor confirmó, una vez más, que Manuel Alejandro sigue siendo una patria emocional en la que Raphael camina como dueño y huésped al mismo tiempo. Qué sabe nadie sonó con la autoridad de quien lleva toda la vida oyendo murmullos y ha decidido convertirlos en combustible. Y Escándalo, claro, desató esa parte del público que quizá había acudido con la intención de comportarse dignamente y acabó comprendiendo que la dignidad, en un concierto de Raphael, está sobrevalorada. El cierre con Como yo te amo volvió a ser una despedida sin despedirse del todo, una forma de decir gracias sin rebajar ni un milímetro la teatralidad.

La banda, amplia y precisa, sostuvo esa arquitectura con oficio: piano, teclados, guitarras, bajo, batería, percusión, cuerdas, vientos y coros al servicio de una voz que sigue necesitando espacio, pero también músculo, aire y color alrededor. Hubo momentos de salón europeo, de bolero nocturno, de tango, de drama latinoamericano y de fiesta popular, pero todo terminaba absorbido por la misma fuerza centrípeta. Raphael no adapta las canciones a los estilos, él adapta los estilos a Raphael.
Cuando salía de la Plaza de España, volvía a pensar en aquella frase de hace cinco años: Raphael paró las horas. Pero quizá ahora convenga matizarla. Raphael no paró exactamente las horas. Las miró de frente, las dejó pasar a su lado, les dio las gracias con una reverencia y siguió cantando. Que no es vencer al tiempo, porque eso nadie lo consigue. Es algo mucho más difícil; es obligarlo durante dos horas a llevar el compás.
* ABC Sevilla ------------------
Raphael regala himnos y emoción en la noche más 'Raphaelísima' de Icónica Santalucía Sevilla Fest El artista linarense aterrizó en la Plaza de España para presentar la gira que recorre los éxitos de su trayectoria y su disco 'Ayer... aún' a la ciudad.

En una industria musical cada vez más exigente y cambiante, mantenerse en primera línea durante más de seis décadas es un hito al alcance de muy pocos. También lo es seguir vendiendo miles de entradas y congregando a públicos de todas las edades. Y más aún hacerlo a los 83 años, con la exigencia física y artística que supone defender un espectáculo de casi dos horas sobre un escenario. Pero Raphael llegó este jueves a Icónica Santalucía Sevilla Fest con su gira 'Raphaelísimo' para demostrar que es ejemplo de todo ello.
Una hora antes del inicio del show, en los aledaños de la joya de Aníbal González había personas de todas las edades, pero la media de edad superaba los 50. En la plaza, la pista y las gradas no tardaron en llenarse, pues se habían vendido las más de 10.000 entradas.
Llegadas las 22 horas, el linarense no demoró mucho su entrada. Cuando irrumpió sobre el escenario, lo hizo vestido de negro con una chaqueta de lentejuelas que, estando en junio y en Sevilla, le duró tan solo las primeras canciones. Dio la bienvenida a los asistentes sin pronunciar palabra, pero dando las gracias con la mirada.
El silencio se rompió con el dramatismo de 'La noche', con el que Rafael sobresaltó a más de uno con su vozarrón al entonar la primera estrofa. Y a pesar de mantenerse inmóvil en mitad del escenario durante la mayor parte del concierto, su potencia vocal y presencia escénica inundó cada rincón de la tarima.
Por su parte, el sonido fue muy nítido durante toda la jornada, pero hubo pequeñas interferencias poco después del estribillo de 'Digan lo que digan', el tema que sonó tras ' Yo sigo siendo aquel' y 'Cierro mis ojos'. Coincidió con el momento en el que protagonista optó por sentarse en una silla, una postura que no aguantó mucho, porque, minutos después, volvió a cantar de pie.
La noche prácticamente acababa de empezar cuando llegó el primero de sus éxitos, 'Mi gran noche'. Por fin, después de cuatro canciones, se escuchó al público cantar. La intervención de Sevilla fue breve, porque, de nuevo, prefirió escuchar y dejarse deleitar por una leyenda viva de la música española. Así, la Plaza de España se mantuvo en silencio durante 'Amo', 'Si no estuvieras tú', 'Tema de amor', 'Los hombres también lloran' y 'Somos'. Eso sí, no faltaron palmas al final de cada tema.
Un artista incombustible El ambiente del espectáculo cambió cuando el acordeón entró en juego para rendir homenaje a la canción francesa a través de temas de su último disco 'Ayer... aún'. El instrumento añadió al directo el toque de romanticismo que 'Padam, Padam', 'La vie en rose' y 'Hymne a l'amor' requerían.
Fue 'Malena' la que desató la primera ovación, que llegó acompañada de miles de voces coreando «¡Raphael!» al unísono. Los ánimos se mantuvieron por las nubes también en 'Estuve enamorado', pero la Plaza de España enseguida volvió a un mutismo que mantuvo durante 'Amor mío', 'Cuando tú no estás', 'Que nadie sepa mi sufrir', 'Llorona' y 'En carne viva'.
La ciudad se sumó a los coros en las últimas canciones de la noche, y aunque no lo dio todo, sí se vino arriba en 'Estar enamorado', 'Ámame', 'Se nos rompió el amor' y 'Qué sabe nadie'. No obstante, cuando más arriba se vino la Plaza de España fue con las tres últimas: 'Yo soy aquel', 'Escándalo' y 'Como yo te amo', que pusieron el broche de oro a la jornada.
Anoche, Raphael apenas pronunció palabra, prefirió cantar un tema tras otro. Solo al final, se despidió con un «señoras, señores... ¡Les amo tanto, tanto! ¡Gracias!».
Carismático, inconfundible y con una presencia escénica que desafía el paso del tiempo, ofreció una actuación en la que convivieron nostalgia, emoción y un repertorio que no entiende de generaciones. Sevilla, más silenciosa que nunca en Icónica Santalucía, se rindió a sus pies.
* EL ESPAÑOL -------------------
Raphael no da tregua y vuelve a sentar cátedra en la capital hispalense con sus 27 canciones más icónicas.
El Icónica Santalucía Sevilla Fest 2026 se preparaba para recibir, por segunda vez en su historia, al catedrático de la música, Raphael.
Es muy probable que Raphael haya cantado en todas las provincias que representa la Plaza de España y en la mayoría de países latinoamericanos hacia los que la plaza abre sus brazos. Y, con esos brazos abiertos al igual que la plaza ayer le dio cobijo, apareció Raphael, abrazando a su público. Público que esta vez, a diferencia de otras ocasiones estaba parte del mismo de pie en pista.
De riguroso negro, como siempre, pero con un pequeño cambio de look en el rostro, unas patillas que recuerdan a las que llevaba en los ochenta, apareció.
Este pequeño cambio junto con el cinturón con distinto diseño al anterior y siempre chaqueta nueva en cada gira, hace que todas las giras tengan algún detalle nuevo.
El clima sevillano fue compasivo con el catedrático y con el público asistente y no apretó el calor, es más, corría una leve brisa que, ocasionalmente despeinaba al de Linares y él se peinaba, eso sí, al terminar de interpretar una canción y no durante.
El artista cuya obra e historia trasciende más allá de la música siendo estudiado ya por la Universidad y reconocido como Doctor Honoris Causa en la Universidad de su tierra natal, Jaén, no para de dar motivos para seguir investigándolo y aplaudiéndolo concierto tras concierto.
Sus canciones más icónicas El recital empezó con la artillería pesada: "La noche", de la cual dice una estrofa "la noche a mí me hace volver" y eso hizo, volvió. Podría decirse que, hasta con más fuerza que su última cita sevillana allá por septiembre de 2025.
Esta artillería estuvo compuesta de "Yo sigo siendo aquel", "Cierro mis ojos", "Digan lo que digan” y la siempre más esperada, que hizo sacar los móviles al público, "Mi gran noche".
Tras este contundente inicio, apareció un homenaje a la música con mayúsculas y Raphael le dio lugar a instrumentos que no solemos escuchar en conciertos multitudinarios como son el piano, el violín y el violonchelo.
Y con esto invitó al público a un viaje entre estilos musicales muy variados. ¿Te gusta la guitarra española? Tiene temas solo a guitarra española.
¿Te gusta el pop, el rock, el tango argentino, la música mexicana, las creaciones del más puro Manuel Alejandro o la capacidad de transportarte a un boulevard parisino? De todo eso fue capaz en su concierto de Icónica.
Y te transporta de la mano de su venerada, porque los ídolos también tienen referentes y son fans de otros, Edit Piaf. Un regalo que hizo Raphael fue cantar “Se nos rompió el amor” de su también adorada Rocío Jurado.
Mención especial merece la versión "Sin Laura" cuyos arreglos musicales y montaje audiovisual hace que pueda escucharse el triste corazón del que canta con unas luces lúgubres azules propias de la historia que se cuenta.
Momentos de "tristeza" Raphael histrión e intérprete, no solo cantante, llegó a emocionarse con las historias de sus canciones, pese a haberlas interpretado cientos de veces. Aunque había estos momentos de "tristeza" requeridos por el contenido de las letras, es evidente que Raphael sobre el escenario se transforma en el hombre más feliz de la Tierra.
Lo transmite y eso llega al público, cerrando el recital con sus otros tesoros: "Qué sabe nadie", "Yo soy aquel", "Escándalo" y "Como yo te amo".
14 años. Esos son los años de diferencia de edad entre la plaza de España de Sevilla y Raphael. Tras noches como esta, vuelve a quedar demostrado que ambos han sido, son y serán historia universal.
Con sus 27 canciones interpretadas sin descanso, sin tregua, volvió a sentar cátedra en la capital hispalense, de la que se despidió mirando a cámara y se le pudo leer en los labios un "hasta luego".
* GATRÓPOLIS --------------------

Raphael, eterno El espectáculo 'Raphaelísimo' regresó a Sevilla Raphael se presentó ante sus admiradores como lo hace siempre. Con una enorme profesionalidad y una pasión por su trabajo.
Dos horas intensas, cargadas de emociones, con un público entregado, pero, lógicamente, exigente, que acude a una cita musical con ganas de pasarlo bien y recibir de su admirado y aplaudido cantante lo mejor que pueda dar sobre el escenario. Eso fue lo que ocurrió en la noche sevillana del 18 de junio en la Plaza de España, dentro del programa de conciertos del Icónica Santalucía Sevilla Fest. Raphael se presentó ante sus admiradores como lo hace siempre. Con una enorme profesionalidad y una pasión por su trabajo que desborda límites. No hay nada que pare al cantante de Linares, quien a sus 83 años, y superando graves problemas de salud, volvió a ofrecer un espectáculo enorme. Raphael es un artista que traspasa las fronteras, las geográficas y las generacionales. Y por eso, ante la estatua de Aníbal González, ofreció un espectáculo que no defraudó.
Y es que su voz sigue al nivel de los grandes elegidos, de esos artistas que alcanzan la condición de la eternidad. Con su espectáculo Raphaelísimo regresó a Sevilla (¿cuántas veces ha actuado en la capital andaluza?) y con su icónica puesta en escena (lógicamente algo afectada por su salud), su portentosa voz y con ese negro riguroso que le acompaña desde hace décadas, volvió a conquistar al público.
Raphael ofreció un repertorio en el que el ayer de sus grandes clásicos se unió con otros temas que nos llevaron a las calles de París y nos acercaron a la mítica figura de otra grande como fue Édith Piaf. Empezó fuerte, a lo grande, con ‘La Noche´ y `Yo Sigo Siendo Aquel´. Y, efectivamente, demostró que sigue siendo aquel que en los 60 ganara el Festival de Benidorm, destacara en el Festival de Eurovisión, y despuntara con canciones como ‘Hablemos Del Amor’ o ‘Yo Soy Aquel’.

‘Digan Lo Que digan’, ‘Cierro Mis Ojos’, ‘Mi Gran Noche’, ‘Amo’, ‘Si No Estuvieras Tú’, ‘Tema De Amor’, ‘Los Hombres También Lloran’, ‘Somos’, fueron desgranando una lista de temas que nos llevaron a himnos de la música internacional, como ‘Padam, Padam’, ‘La Vie En Rose’ o ‘Hymne A L’amor’.
El público coreó su nombre en varias ocasiones tras estas interpretaciones. Raphael se sentía a gusto, cómodo, sonriente… Aún no había hablado, solo cantó, o ¡cómo lo hizo! ‘Malena’ ‘Estuve Enamorado’, ‘Amor Mío’, ‘Cuando Tú No Estás’, ‘Que Nadie Sepa Mi Sufrir’, ‘Llorona’, ‘En Carne Viva’, fueron desplegando un repertorio de canciones con el que el público se identificaba y regresaba a ese ayer en el que disfrutó con su cantante preferido de la misma manera que lo estaba haciendo en la noche sevillana de junio.
‘Estar Enamorado’, ‘Ámame’, ‘Se Nos Rompió El Amor’, ‘Qué Sabe Nadie’ fueron la antesala de la mítica ‘Yo Soy Aquel’, con la que quienes ya tenemos nuestra cabeza con la nieve propia de la edad regresamos a nuestra infancia. No tan clásica, pero igualmente de una gran aceptación fue ‘Escándalo’, interpretada cuando el reloj caminaba hacia las 12 de la noche y nos indicaba que este reencuentro con Raphael llegaba al final. Y, obviamente, este no pudo tener mejor broche que con ‘Como Yo Te Amo’.
“Señoras, señores. ¡Les amo tanto, tanto!”, fueron las pocas palabras que pronunció, dando a continuación las “gracias”. Unas gracias que son recíprocas.
* EL CORREO DE ANDALUCÍA -------------------------------------
Raphael: más fenómeno que vieja gloria El legendario artista regresó al escenario de Icónica Santalucía Sevilla Fest con un emotivo y vibrante show donde repasó sus grandes éxitos ante un público enfervorecido.

Siempre digo que desde Tussam puede contarse Sevilla. Este jueves desde la línea 1 se vivió el hastío y los nervios de los sevillanos y sevillanas que acudían a la Plaza España para encontrarse con Raphael y se encontraron con el inesperado corte de la avenida Menéndez y Pelayo por la manifestación de aficionados del Sevilla FC. “En una carriola del Rocío llegamos antes y más seguras”, bromeó una de las usuarias ante el desesperante rodeo que dio el autobús y los frenazos del conductor. “Esto ya es todos los días, menos mal que todos vamos a lo mismo”, aventuraba otra que lamentaba su mala suerte “para una vez que sale”.
Pasado el trago, a las 22.10 horas, salía el ídolo al escenario luciendo el pelazo, la sonrisa y el carisma de siempre entre las ovaciones de un público enfervorecido que paró con sus aplausos la intro musical de La noche, la canción con que dio la bienvenida.
Así, el legendario artista, reconocido en los Latin Grammy 2025 como ‘Persona del Año’, volvía al Icónica Santalucía Sevilla Fest tras protagonizar su primera edición en 2021, demostrando, una vez más, que su talento es capaz de desafiar al paso del tiempo y a las tendencias musicales imperantes. “Raphael siempre”, se animó a sí mismo en uno de los pocos comentarios que se le escuchó.
Aferrado al mítico endecasílabo machadiano de hoy es siempre todavía, el de Linares ha dejado de anunciar giras de despedida para directamente celebrar lo que le hace único y mantiene como uno de los grandes nombres de la música en español.
Raphaelísimo se presentó como un show vibrante y emotivo donde disfrutar del cantante en toda su expansión y recordar un repertorio brillante repleto de canciones que forman parte de la memoria emocional de todo un país. Himnos como Escándalo, Estar enamorado oÁmame, que los miles de asistentes corearon al unísono.
En esta inolvidable e imperecedera playlist tiene mucho que ver otro andaluz: el compositor jerezano Manuel Alejandro, autor de los emblemáticos Yo soy aquél, Cuando tú no estás, En carne viva, Se nos rompió el amor y Como yo te amo -con la que cerró la mágica noche-, que fueron moldeando su carácter y su irrepetible manera de cantar y contar. Porque si es difícil no saberse ni una sola canción de Raphael más complicado es quedarse con una sola.
De hecho, resultaba curioso cómo cada franja de edad de las más de seis generaciones que siguen al artista conoce a un Raphael diferente y celebra éxitos distintos. Mientras los jóvenes que aún no habían nacido cuando empezaba a causar furor allá por los sesenta tarareaban efusivos Mi gran noche, Digan lo que digan o Qué sabe nadie, reconvertidos en cánticos imprescindibles de trasnoches y fiestas LGTBIQ+, los que peinaban canas agradecieron que regresara a su faceta más melódica con títulos más desconocidos como Amo, Si no estuvieras tú, Somos o Tema de amor. Al igual que las versiones de Llorona, Malena o Panam, panam. Todas con el genial acompañamiento musical de una impresionante banda de vientos, piano y cuerdas.
En las antípodas de la vieja gloria y de la estrella efímera, que vive de la renta musical de cuatro éxitos, Raphael presumió de una trayectoria intachable y de un envidiable repertorio de 27 temas, que ha sabido actualizar con álbumes como el último Ayer… aún, un delicado tributo a la chanson française, del que interpretó algunas composiciones como La vie en rose o Hymne a l’amour.
Pero, además, el jienense ha hecho siempre gala de una sincera curiosidad que le ha llevado a actualizar sus influencias artísticas y a conectar con argucia con otros contemporáneos. Por eso, no sorprendía encontrar entre los espectadores a roqueros, indies, modernitos y clásicos a los que les une su amor por un hombre cuya autenticidad y pasión trasciende géneros.
Artista de artistas y referente absoluto, el divo andaluz desplegó su personal expresividad, su actitud arrolladora y una voz firme y redonda, a la que parece no haberle afectado la edad ni los avatares de salud que ha sufrido. Al contrario de lo que acostumbran a hacer los cantantes actuales, que tiran de duetos y bailarines que llenen las tablas, Raphael, a sus 83 años, no abandonó el escenario, no habló y no se le vio ni beber agua en las dos horas de concierto. “Lo único que me puede hacer dejar los escenarios es que un día abra la boca y no salga la voz”, me confesó una vez en una entrevista.
En definitiva, por si había duda, este icono superlativo, por el que se desmayaban las muchachas hace siete décadas -como ayer le ocurrió a una- se mostró más sexy y coqueto que nunca, evidenciando que no hay quien pueda con él y que queda Raphael para rato. Esperaremos su vuelta porque ya no quedan estos terremotos así. Un fenómeno al que se podrá imitar desde la parodia, pero nunca desde la profundidad con la que transmite y eriza la piel.

DANIEL MARTÍN
Edited by - Daniel on 24/06/2026 21:17:10
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