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 GIRA RAPHAELÍSIMO - BARCELONA 20-12-2025
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Daniel
SuperRaphaelista

Spain
Posts 5839

Posted - 16/12/2025 :  23:51:09  Show Profile  Email Poster  Click to see Daniel's MSN Messenger address
Barcelona es la ciudad encargada de servirle de marco a esta gira "Raphaelísimo" para cerrar por todo lo alto un 2025, que aunque arrancase lleno de dudas y temores, enseguida y más rápido de lo que nadie pudiese prever se tornó en un año esperanzador con momentos imborrables junto a Raphael. Este sin duda será el año de la superación, la gratitud, la pasión y la VIDA.

Y ahora que casi ya comenzamos a tocar el 2026 con los dedos, le pedimos al destino que sea igual de intenso, fructífero y apasionado que la etapa final de este año que concluimos.

Que así sea.












Amigos, tal como lo presentimos así ocurrió. El concierto de Raphael logró superar todas las expectativas habidas y por haber. El Palau Sant Jordi se convirtió en un templo sagrado en el que recibió adoración aquél que es Dios en la Tierra. Un artista que no tiene parangón. Nuestro Raphael.

¡Allá vamos!















* NOTICIA ANTES DEL CONCIERTO *
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* LA VANGUARDIA
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Raphael busca vivir su enésima gran noche en el Palau Sant Jordi.

El veterano artista, que a sus 82 años sigue siendo incombustible, cierra un 2025 para el recuerdo llevando su último disco, ‘Ayer... aún’, al pabellón barcelonés.


El artista de Linares, el 7 de diciembre en el Movistar Arena de Madrid Borja Sánchez-Trillo / EFE

Martí Abad

Barcelona

19/12/2025 06:00

Hace exactamente un año, el 17 de diciembre del 2024, el cantante Raphael, un clásico de nuestro país que a sus 82 años sigue incombustible, se sintió indispuesto durante la grabación de un programa especial de La Revuelta, espacio presentado por David Broncano y que se graba en el teatro Príncipe Gran Vía de Madrid.

El artista abandonó la entrevista por su propio pie y rápidamente fue ingresado en un centro hospitalario. En un primer momento se determinó que había sufrido un accidente cerebrovascular. No obstante, días más tarde, el hospital 12 de Octubre de Madrid fue más preciso con el diagnóstico: el cantante, con una trayectoria que abarca seis décadas, fue diagnosticado con un “linfoma cerebral con dos nódulos cerebrales en el hemisferio izquierdo”.

Fue en el mismo centro hospitalario donde inició su tratamiento, lo que le obligó a suspender los conciertos que tenía previstos esos días en el Movistar Arena de Madrid y la gira internacional que le iba a llevar por América. Tan solo unas semanas antes había publicado un nuevo disco, Ayer... aún, un homenaje a la canción francesa.

Afortunadamente, su recuperación fue muy satisfactoria: a los 10 días recibió el alta hospitalaria y medio año después regresó a los escenarios con un emotivo concierto en el teatro romano de Mérida en el que el público le dedicó una larga y sentida ovación de 10 minutos.

Durante el verano y en los meses posteriores ha viajado por la geografía española con su gira Raphaelísimo, en la que interpreta acompañado de una banda de hasta 10 músicos todos sus clásicos y también los temas más destacados de su último disco, y mañana (20/XII) será el turno del Palau Sant Jordi de Barcelona, un espacio que ya conoce y en el que realizará su último concierto de este 2025 –ya tiene algunas fechas cerradas para el 2026, cuando por fin cruzará el charco con conciertos en México y EE.UU.–.

Durante más de dos horas, se prevé que el linarense más ilustre entone una treintena de temas – Yo soy aquel, Escándalo y Mi gran noche incluidos– y, como no, una El tamborilero que tendrá un significado muy especial a escasos días de la Navidad, una festividad de la que Raphael también es un clásico.

Así despedirá el cantante un año en el que recientemente ha sumado un motivo más para el recuerdo: a mediados de noviembre fue nombrado Persona del Año por la Academia Latina de Grabación en una gala en la que fue homenajeado por artistas como David Bisbal, Silvia Pérez Cruz, Enrique Bunbury o Carín León.

Sin duda, Raphael no olvidará nunca este 2025. Y qué mejor que despedirlo, como él mismo predica, con una gran noche.






















* VÍDEOS + FOTOS CONCIERTO *

- CONCIERTO COMPLETO:
https://www.youtube.com/watch?v=5BDOxOb6jJU&t=322s

https://www.youtube.com/watch?v=BSNrBtYEG2A&t=6064s























































* NOTICIAS CONCIERTO *








* EL PERIÓDICO
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Un Raphael reconstituido, más conciso y puro en el Palau Sant Jordi.
El cantante de Linares se mostró en plena forma vocal, un año después del linfoma cerebral que sufrió hace un año, en un concierto en el que interpretó con pulcritud canciones de sus seis décadas de carrera, dentro la gira ‘Raphaelísimo’.



Raphael, de nuevo, “con la fuerza de los mares” y “el ímpetu del viento”, ajeno a toda señal de flaqueza, como si nada hubiera ocurrido desde la última vez, ni siquiera un linfoma cerebral de nada que tan solo lo apeó de la carretera por unos meses. No será la primera vez que se crece tras un susto clínico (recordemos la mejora vocal tras su trasplante de hígado de 2003), aunque siempre impresiona esa convicción a prueba de bomba con la que nos dice que su oficio no es de los que se ejercen a medias, sino volcándose en él todos los días y noches.

El de este sábado en el Sant Jordi (formateado para 6.000 personas, cifra de la promotora The Project) fue el Raphael de siempre, como remarcó al cantar ‘Yo sigo siendo aquel’, aunque el concierto fuera algo más acotado en minutaje (una hora y 45 minutos) y algunas canciones pausadas las cantara sentado en una butaca (‘Hablemos del amor’). Da igual, estuvo vocalmente pletórico, modulando incluso los arranques hiperexpresivos tan suyos, más conciso.

Así fue desde que salió atacando ‘La noche’, pimpante y lozano él, con patillas setenteras y una chaqueta con brillos que pronto voló por los aires para dejarle en riguroso uniforme de negro, de ‘chansonnier’ existencialista. La canción francesa está en sus cimientos y a ella dedicó su último álbum, ‘Ayer… aún’ (2024), del que no cantó su tema titular, ‘Hier encore’ (de Charles Aznavour), pero sí hasta cuatro adaptaciones del repertorio de Édith Piaf, con el toque de acordeón en su sitio: primero, de un tirón, ‘Padam padam’, ‘La vida en rosa’ y el ‘Himno al amor’, y más adelante, la argentina ‘Que nadie sepa mi sufrir’ (‘La foule’), a voz y guitarra. Raphael sentido y pulcro, diciendo cada estrofa y acompañándola del repertorio gestual, alzando la mano diestra para sellar el último verso.

Clásicos no habituales.
El rey del pentagrama de esta gira ‘Raphaelísimo’ no es otro que Manuel Alejandro, autor de medio repertorio, incluyendo rescates de algunos clásicos no siempre citados, caso de ‘Desde aquel día’. Oportunidad para degustar canciones de una tenue intimidad y tendentes al remolino dramático. Dominó el arreglo sobrio, atento a las versiones originales (sutil y fiel el de ‘Digan lo que digan’) y solo en ‘Yo soy aquel’ entró en acción un trote electrónico presuntamente actualizador, sin mayor trascendencia. Álgidas revisiones de ‘Amor mío’ y ‘Cuando tú no estás’. Raphael no es muy de ‘medleys’, pero sí de adaptaciones abreviadas, su modo de acomodar hasta 26 temas, como observamos en ‘Cierro mis ojos’.

Fue un Raphael resolutivo, que no estuvo para perder el tiempo con parlamentos y que no dio las buenas noches más que para despedirse. Al grano, aprovechando cada minuto y dejando que sus canciones hablaran por él. Su repertorio es gigante y se deslizó hacia el ‘kitsch’ navideño en ‘La canción del tamborilero’ y la dinámica pop en los hitos ‘Ámame’ y ‘Escándalo’. Economizando recursos, filtrando tics, cantó como en sus mejores días y dejó las aguas encrespadas por el maremoto final de ‘Como yo te amo’, confirmando de nuevo que, tras un percance de salud, no sale un Raphael devaluado sino más puro.

















* LA VANGUARDIA
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Raphael emociona a un Sant Jordi con aires de adiós.

El cantante de Linares, 82 años, despeja dudas sobre fuerza y voz en Barcelona.


Un Raphael en plena forma se adueñó del Palau Sant Jordi con su repertorio clásico Quique Garcia / EFE

Joaquín Luna

Barcelona

21/12/2025 00:22

Las huestes rafaelistas ascendieron al Sant Jordi sin tenerlas todas consigo. ¿Cómo andará de forma el monstruo? La exhibición de voz, recursos, repertorio y oficio de Raphael, 82 años, superó todas las expectativas hasta convertirse en una clase magistral para los que empiezan sobre lo que distingue a los grandes artistas.

Cuando Raphael debutó en Barcelona, allá por los principios de los años sesenta, John Kennedy era el presidente de Estados Unidos y Kubala jugaba en el RCD Espanyol para berrinche del barcelonismo. Si a semejante trayectoria se le restan méritos..., ya me contará.

Ante 6.500 afortunados creyentes en un Sant Jordi con aforo parcial, un Raphael contenido y sobrio en los movimientos se aferró a la potencia de la voz y al repertorio para trascender –¡quien lo hubiera dicho!– barreras y estereotipos.

No, ni está acabado ni se arrastra.

Escrupulosamente puntual, ocho y media de la noche, de oscuro como siempre, Raphael tiró del repertorio esencial para disipar a las primeras de cambio cualquier duda tras el susto del 17 de diciembre del 2024 en TVE. La salida al escenario fue propia de un faraón y a las primeras de cambio, con La noche y Yo sigo siendo aquel , la sensación de que el artista resiste lo que nadie ha resistido en su oficio se adueñó del espacio, garantizando así una gran noche.

La dosificación se convirtió en recurso: menos paseos, ningún espejo roto y una conexión con el público, su público, no tan folklórica y más espiritual, como si todos supieran sin necesidad de palabras que el final del camino se acerca.

La Navidad quedó inaugurada a las 21.40 horas con los acordes de El tamborilero , canción que se detesta o te emociona, cosa que sucedió porque quien más quien menos tiene recuerdos con ausencias: el tamborilero y el turrón eran lo que había en otros tiempos.

Fueron veintiséis canciones y solo cien minutos, por debajo de las casi dos horas y media que caracterizaban los conciertos del Niño de Linares . Aun así, la traca final alegró la noche y las fiestas porque no faltó de ná : En carne viva , Qué sabe nadie , Yo soy aquel , Escándalo y Como yo te amo , cinco piezas que invitan al optimismo de pensar que no ha sido este el último hurra barcelonés del gran Raphael, ese artista desconcertante al que se le podrá despreciar pero jamás negar la personalidad. Así que el disfrute fue doble: por lo escuchado y por lo que queda por cantar. O recordar.
















* EFE
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El cantante Raphael durante su actuación en el Palau Sant Jordi de Barcelona al que ha regresado para repasar éxitos eternos, de 'Yo soy aquel' a 'Mi gran noche' o 'Escándalo', en una visita programada desde antes de su linfoma cerebral y que el de Linares nunca quiso aplazar confiando en su fuerza para seguir sobre los escenarios. EFE/Quique García

Qué sabe nadie sobre cuántas ovaciones aún le quedan a Raphael.

Barcelona, 20 dic (EFE).- A Raphael no se le aplaude. Se le ovaciona. Cada fin de canción sigue una liturgia más propia de un bis, con el público puesto en pie y el artista yéndose hacia un lado del escenario, como si ya se acabara el concierto.

Esa ceremonia funciona como pacto tácito con sus fans para que todos sean conscientes de que cada momento es irrepetible y de que cada canción, cada concierto, puede ser el último.

Desde luego que el espectáculo que Raphael, que ha cumplido ya los 82 años, ha ofrecido esta noche en el palau Sant Jordi ante 6.200 entregadas almas no parecía una despedida, sino más bien un ‘hola de nuevo’ después de que hace un año Raphael viviera su segunda resurrección vital por problemas de salud.

En diciembre de 2024, el concierto de esta noche en el Sant Jordi ya estaba programado y a pesar de que aún faltaban doce meses para hacerse realidad se temía la suspensión. Pero Raphael nunca quiso cancelarlo, confiando en una recuperación y vuelta a las actuaciones que lleva haciendo realidad seis meses, incluido un Movistar Arena en Madrid a principios de este mes.

El espectáculo ‘Raphaelísimo’ ha empezado con puntualidad, a las 20:30 horas previstas, y al genio le han acompañado una decena de músicos dispuestos a cederle el incontestable foco.

El apoyo discreto de una silla de oficina

También una silla de oficina de la que Raphael ha echado mano en cuatro temas, un recordatorio de su edad pero también de que para el veterano artista el escenario es su oficina, su excéntrico lugar de trabajo.

Uno de los momentos más emocionantes de la velada ha sido su salida al escenario con el público puesto en pie. No hacía falta palabras para añadir más emoción al momento. O al menos eso ha pensado Raphael, que ha preferido no hablar entre canciones y dar todo el protagonismo a su cante.

Raphael ha empezado con ‘La noche’ y ha seguido con la oportuna ‘Yo sigo siendo aquel’: «eterno solitario, detrás de un escenario, y propiedad un poco de todos».

Con su habitual carisma, dominio escénico y demostraciones de un poderío vocal que se esfuerza en mantener vigoroso, Raphael ha desatado el jolgorio con ‘Digan lo que digan’ y la siempre bailonga ‘Mi gran noche’.

No faltó el ‘Tamborilero’ navideño

El ‘Tamborilero’ recordaba que estamos a las puertas de una Navidad de la que el artista siempre fue protagonista, décadas antes de la omnipresente Mariah Carey.

También se detuvo por varios momentos en un homenaje a la ‘chanson’ francesa de Edith Piaf. Al tango misterioso sobre la decadencia que es ‘Padam Padam’ le seguían su particular aproximación en castellano a La vida en rosa’ y al ‘ Himno al amor’.

Y de Francia a Argentina con tangos como ‘Malena’ o ‘Que nadie sepa mi sufrir’.

Transcurrido el ecuador del concierto, Raphael ha entonado su versión de ‘Gracias a la vida’ de Violeta Parra, con el que parecía sincerarse sobre su momento vital y profesional.

También una ‘Hablemos del amor’ con la que fue a Eurovisión, un festival en plena polémica que décadas atrás fue aparador mundial para un Raphael mucho más joven y en blanco y negro.

Los fans de Raphael han celebrado y coreado con especial empeño ‘Estar enamorado es’, un tema que el público en general conoce menos que otros clásicos pero que siempre está entre las favoritas de sus fieles.

Para el ‘hasta luego’ final, las preferidas de muchos de los presentes: ‘Qué sabe nadie’, ‘Yo soy aquel’, ‘Escándalo’ y ‘Como yo te amo’, un carrusel de despechos, desamores, orgullos heridos y, en definitiva, de reivindicación del amor.

Alma de folclórica

Si bien estaba algo menos bailarín que en otras visitas, Raphael sigue sin ahorrar en gestos dramáticos para interpretar sus temas más desgarradores, haciendo gala de esa alma de folclórica que siempre le ha poseído.

Son seis décadas de vida sobre los escenarios del ‘Divo de Linares’, quien en las entrevistas ha explicado por activa y por pasiva que no piensa hacer un gira de despedida porque a él no le entra en su cabeza retirarse.

De hecho, 2026 ya está plagado de nuevas fechas tanto en España como en el otro lado del charco, con conciertos en México y EE.UU.

Qué sabe nadie de cuántas ovaciones le quedan a Raphael.

Lara Malvesí

















* EL PAÍS
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Orgullo y tesón de Raphael: él sigue aquí.
Un artista contenido homenajea con su existencia a un público que se autoafirmó en el Sant Jordi de Barcelona.


Raphael, en el Palau Sant Jordi de Barcelona.
Massimiliano Minocri

Luis Hidalgo
21 DIC 2025 - 12:08 CET

Hay un tesón colosal en Rapahel que le hace cantar como si eso fuese precisamente lo que le une a la vida. No es la naturalidad de un Aznavour en su senectud o de BB King, un viejo bluesmen que nació para morir con la guitarra sin hacerse más pregunta que cual es la siguiente canción, sino algo cargado de orgullo y desafiante actitud ante el paso del tiempo, con el que se relaciona toreándolo indómito. Como si vivir sólo pudiese ser una forma de petulancia, como si cantar tomase forma de desafío en cada estrofa, en cada frase, en cada gesto. Más aún cuando recientemente una dolencia avisase a Raphael que ni tan siquiera él puede esquivar el final. Esa valentía casi taurina es la que le mantiene en forma y le permite sostener una gira con conciertos que si no resultan maratonianos sí tienen una generosa duración para una persona de 82 años que aún pisa escenarios de medio mundo. Su paso por Barcelona en su último recital del año fue resultado de esa indeclinable determinación.

Antes de iniciarse el concierto, a inusual hora temprana, una imagen del Raphael aún joven recordaba de dónde se venía, de décadas atrás. Los ascensores del recinto que evitaban escaleras mostraban colas de personas para las que asistir al concierto de su ídolo también era un pequeño desafío. Por eso nada más salir a escena le saludó una ovación cerrada en la que había también algo de auto homenaje, una afirmación de vida de las 6.200 personas que oficialmente asistieron al recital. Chaqueta negra sembrada de destellos que poco duró antes de su abandono sobre el piano, paso lento y voz segura. Ya en la segunda canción una aclaración innecesaria: “Yo sigo siendo aquel/a pesar de las dudas/ y mi eterna locura”. La idea de singularidad se remachó con ese Digan lo que digan que encendió por vez primera el recinto, caldera de recuerdos poco a poco caldeados por una larga vida. Y en Mi gran noche, de Adamo, uno de los muchos versionados durante el concierto, ya hubo señoras que se levantaron de su asiento para bailar como una más de esas grandes noches vividas. Pero a pesar de arrebatos así, la calma pausó la noche en las gradas, que siguieron el concierto con una especie de admirada contención que el mismo Rapahel no rompió con parlamentos, como si toda su energía hubiese de focalizarse sólo en cantar.

Y lo hizo bien, solvente y sin alardes, con la sabiduría de no descamisar su voz en pos de notas imposibles, sin jugar con el micro y las distancias, conciso en su esfuerzo, conocedor de que envejecer no es más que administrar energías finitas. Un tramo de baladas dejó su voz sólo acompañada por piano y cuerda, y en Amo, sentado en una silla que usó de tanto en tanto, sus dedos aletearon como gesto de apoyo. En Si no estuvieras tú tampoco hubo batería y ya el acordeón acompañó su inmersión en la chanson, reflejo de su último disco, para abordar a Piaf. Había banda nutrida, pero varios temas los cantó o sólo con piano, el tango Malena, o sólo con guitarra, caso del Gracias a la vida que tantos aplausos cómplices generó. Porque en el fondo todo el público estaba celebrando haber llegado hasta ese punto del calendario en la que mirar atrás ofrece una vasta extensión de hojas caídas. Ese mismo es el espíritu de la gira Raphaelísimo, un recorrido por seis décadas de carrera que en el Sant Jordi fueron una celebración común.


Concierto de Raphael en el Palau Sant Jordi de Barcelona. . Foto: Massimiliano Minocri
Massimiliano Minocri

Por supuesto que hubo imperfecciones, momentos en los que la voz no respondió, algún lapsus, adaptaciones recortadas y esa búsqueda de la ayuda del público para completar estribillos que permitan descansos en el camino, pero el orgullo y el oficio de Rapahel lo capearon todo. El público lo agradeció con su implicación, y en Estuve enamorado, con guiño a Day Tripper de Beatles, se bailó, de igual manera que en Estar enamorado se mecieron brazos recordando aquellos lejanos años en los que el amor era una irrefrenable explosión química que con su apasionada interpretación Raphael reconstruyó en la muy aplaudida Amor mío. El amor, el subtexto del cancionero de Raphael a lo largo de unos años que retrotrajeron a cuando los Reyes Magos no tenían la competencia de un señor obeso vestido de rojo y El pequeño tamborilero se veía en televisores en blanco y negro. Al sonar, con la nieve cayendo en las pantallas del recinto, se desató la nostalgia y los móviles aparecieron por vez primera para tener otro recuerdo, este en color, de esa Navidad que tanto ha cambiado. Por eso mismo, ver a alguien que ha cambiado sólo por efecto de la naturaleza no dejó de ser un motivo de celebración colectiva.

Con Raphael haciendo amagos de dejar el escenario en el final instrumental de Qué sabe nadie de mí, se deslizó la idea de que los bises se incorporarían al cuerpo del concierto, sin parón. Y si con el tamborilero no hubo suficiente, en Yo soy aquel imágenes del Raphael que fue recordaron más que el paso del tiempo el hecho de que se sigue aquí, viviendo y cantando, haciendo de cantar la razón de vivir. Tras una hora y cuarenta minutos de pop ligero, baladas, canción latinoamericana y chanson, Escándalo arrancó de Raphael unos gestos de baile y el recuerdo a otra fuerza de la naturaleza, Rocío Jurado, cerró la noche con Como yo te amo. Ella se fue, él, como su público, sigue aquí.

















* EL ECONOMISTA
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Raphael inaugura la Navidad, reta a la inmortalidad y muestra su fuerza y su calidad infinita en Barcelona.


Raphael durante su actuación en el Palau Sant Jordi de Barcelona

Lucas del Barco
21/12/2025 - 11:44

El reloj marcaba las ocho y media y, este sábado en la Ciudad Condal, como si el tiempo aún le obedeciera, y entonces Raphael apareció en el escenario del Palau Sant Jordi con la puntualidad de los viejos rituales que no admiten demora. Vestido de oscuro, sin aspavientos, sin prisa y sin concesiones, el artista salió a cantar como quien vuelve a casa después de una larga travesía. A los 82 años, con una carrera que desborda cualquier cronología razonable, disipó en los primeros compases las dudas que flotaban en el ambiente desde aquel susto televisivo de diciembre. No había ruina ni arrastre. Había voz, memoria y oficio. La noche se fue asentando sobre una certeza: Raphael resiste. Resiste al paso del tiempo, al desgaste del cuerpo y a los prejuicios que siempre lo han acompañado. La noche y Yo sigo siendo aquel bastaron para que el público entendiera que no había acudido a un ejercicio de nostalgia, sino a una demostración de vigencia. La suya no fue una entrada cualquiera, sino la de un faraón que ya no necesita levantar pirámides porque le basta con señalar el horizonte. El Sant Jordi, con aforo parcial y 6.500 fieles, acogió a unas huestes rafaelistas que habían ascendido al recinto con la fe templada por la duda. ¿Cómo andará de forma el monstruo?, se preguntaban algunos en voz baja. La respuesta llegó sin alharacas: sobriedad en los movimientos, potencia intacta en la garganta y un repertorio que, bien administrado, sigue siendo dinamita emocional. La dosificación fue la gran aliada de la noche. Menos paseos, ningún espejo roto y una conexión con el público menos folclórica y más espiritual, como si todos compartieran un secreto que no hacía falta verbalizar.

Cuando Raphael debutó en Barcelona, a comienzos de los años sesenta, John F. Kennedy ocupaba la Casa Blanca y Kubala jugaba en el Espanyol para berrinche del barcelonismo. Si después de semejante travesía alguien se atreve a restarle méritos, que explique entonces qué entiende por grandeza artística. La suya es una carrera que ha sobrevivido a modas, regímenes políticos y cambios de gusto sin pedir permiso ni perdón. A las 21.40 horas, El tamborilero inauguró oficialmente la Navidad. Canción que se ama o se detesta, pero que esa noche encontró su sitio porque activó la memoria colectiva: las ausencias, los inviernos de antes, cuando el turrón y poco más bastaban para celebrar. Raphael cantó desde ahí, desde ese territorio donde la emoción no necesita artificio. Fueron veintiséis canciones en apenas cien minutos, lejos de las maratonianas veladas del Niño de Linares de otros tiempos. Pero la traca final disipó cualquier atisbo de melancolía: En carne viva, Qué sabe nadie, Yo soy aquel, Escándalo y Como yo te amo cerraron la noche con optimismo. Tal vez no haya sido el último hurra barcelonés del artista más desconcertante del pop español. A Raphael se le podrá discutir el gusto, pero jamás la personalidad. Por eso el disfrute fue doble: por lo escuchado y por lo que aún queda por cantar. O, llegado el momento, por recordar.


















* CRÓNICA DE UNA RAPHAELISTA
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- MONTSERRAT MUNIENTE
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TARDE DE COLOR DE ROSA

El 20 de diciembre de 2025 Barcelona amaneció vestida de gris plomizo. El cielo, cerrado en canal. Alerta por lluvia intensa y torrencial en Cataluña. Barcelonès, Maresme, Vallès Oriental y Occidental bajo aviso. El agua amenazaba con caer sin pedir permiso, como caen a veces las emociones que no se pueden frenar. Pero ese día, mirar al cielo no era una opción. Porque el 20 de diciembre también estaba marcado por otra cosa, mucho más poderosa que cualquier tormenta: Raphael cantaba en el Palau Sant Jordi. Y cuando Raphael canta, el mundo se recoloca. Las prioridades se ordenan solas. La lluvia pierde importancia. El gris se rinde. Miles de personas subiendo Montjuïc con el mismo brillo en los ojos. Esa alegría inmensa, casi infantil, de saber que lo vas a volver a ver. De sentir que, pase lo que pase ahí fuera, dentro va a ocurrir algo grande. Algo que importa de verdad. Y entonces, como siempre, cuando faltan apenas minutos… El corazón se acelera. Se respira hondo. Y una se entrega. Porque Raphael no sale a un escenario: se ofrece entero.
Con la misma verdad de siempre. Con esa manera suya de cantarle a la año tras año. Canción tras canción. Una vida entera sostenida por música y aplausos.
La gran pantalla anuncia Raphaelísimo y ya sabes que no va a ser solo un concierto. Va a ser un viaje. Ese gesto. Ese guiño. Esa mirada que lo dice todo sin decir nada. La felicidad, el enfado, la sorpresa, la pregunta, la afirmación rotunda. La ilusión intacta. Nada se le escapa a la cámara porque nada se le escapa a Raphael. Su teatralidad no es artificio: es verdad amplificada.
Y sucede.

Todo parece perfectamente tejido para desbordarte el corazón. Tema tras tema te lleva de la mano por todos los sentimientos posibles. Los recuerdos se amontonan sin pedir permiso y, de repente, te das cuenta de algo enorme: llevas toda la vida admirando a ese hombre que tienes delante. Y ahí estás, emocionada hasta las trancas, una vez más. Llega el llanto. Y no se frena. Porque no quieres. Porque te da la gana. Porque hay emociones que no se negocian. Lloras. Sonríes. Te levantas a aplaudir. Eso es Raphael. El de ayer y el de mañana. El que hoy, durante esas dos horas mágicas, es solo nuestro.
Su voz te invade, te atraviesa, resuena por dentro. Y entonces, en la pantalla, aparecen las imágenes de su largo recorrido artístico. Cada una querida. Cada una familiar. Cada una colocada en un tiempo y un lugar exactos de tu propia vida. Ves pasar los años… y ahí sigue él. Por derecho. Porque quiere. Porque sabe. Porque puede.
Porque su voz intacta e impecable no se apaga cuando se apagan las luces.
Porque su voz no entiende de finales.
Porque su voz es —y será— eterna.
Empecé hablando de lluvia. De un día gris en Barcelona.
Pero la verdad es que fui tan feliz que esa tarde, contra todo pronóstico, fue de color rosa.
Y eso, solo lo consigue alguien muy concreto.
RAPHAEL
SIEMPRE RAPHAEL

Montserrat Muniente
22 de diciembre de 2025


















Saludos












DANIEL MARTÍN

Edited by - Daniel on 22/12/2025 18:25:16

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Posted - 20/12/2025 :  22:08:48  Show Profile  Email Poster
Así esperamos todos que sea y va a ser si cabe, todavía mejor. ¡¡¡Siempre PALANTE!!!







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alicia
SuperRaphaelista

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Posted - 21/12/2025 :  02:08:24  Show Profile  Email Poster
UN RAPHAEL RECONSTITUIDO, MÁS CONCISO Y PURO EN EL PALAU SANT JORDI

El cantante de Linares se mostró en plena forma vocal, un año después del linfoma cerebral que sufrió hace un año, en un concierto en el que interpretó con pulcritud canciones de sus seis décadas de carrera, dentro la gira ‘Raphaelísimo’
Raphael, de nuevo, “con la fuerza de los mares” y “el ímpetu del viento”, ajeno a toda señal de flaqueza, como si nada hubiera ocurrido desde la última vez, ni siquiera un linfoma cerebral de nada que tan solo lo apeó de la carretera por unos meses.
No será la primera vez que se crece tras un susto clínico (recordemos la mejora vocal tras su trasplante de hígado de 2003), aunque siempre impresiona esa convicción a prueba de bomba con la que nos dice que su oficio no es de los que se ejercen a medias, sino volcándose en él todos los días y noches.
Vocalmente pletórico
El de este sábado en el Sant Jordi (formateado para 6.000 personas, cifra de la promotora The Project) fue el Raphael de siempre, como remarcó al cantar ‘Yo sigo siendo aquel’, aunque el concierto fuera algo más acotado en minutaje (una hora y 45 minutos) y algunas canciones pausadas las cantara sentado en una butaca (‘Hablemos del amor’).
Da igual, estuvo vocalmente pletórico, modulando incluso los arranques hiperexpresivos tan suyos, más conciso.
Patillas y chaqueta con brillos
Así fue desde que salió atacando ‘La noche’, pimpante y lozano él, con patillas setenteras y una chaqueta con brillos que pronto voló por los aires para dejarle en riguroso uniforme de negro, de ‘chansonnier’ existencialista.
La canción francesa está en sus cimientos y a ella dedicó su último álbum, ‘Ayer… aún’ (2024), del que no cantó su tema titular, ‘Hier encore’ (de Charles Aznavour), pero sí hasta cuatro adaptaciones del repertorio de Édith Piaf, con el toque de acordeón en su sitio: primero, de un tirón, ‘Padam padam’, ‘La vida en rosa’ y el ‘Himno al amor’, y más adelante, la argentina ‘Que nadie sepa mi sufrir’ (‘La foule’), a voz y guitarra.
La mano derecha al alza
Raphael sentido y pulcro, diciendo cada estrofa y acompañándola del repertorio gestual, alzando la mano diestra para sellar el último verso.
El rey del pentagrama de esta gira ‘Raphaelísimo’ no es otro que Manuel Alejandro, autor de medio repertorio, incluyendo rescates de algunos clásicos no siempre citados, caso de ‘Desde aquel día’.
Oportunidad para degustar canciones de una tenue intimidad y tendentes al remolino dramático. Dominó el arreglo sobrio, atento a las versiones originales (sutil y fiel el de ‘Digan lo que digan’) y solo en ‘Yo soy aquel’ entró en acción un trote electrónico presuntamente actualizador, sin mayor trascendencia.
Revisiones de clásicos
Álgidas revisiones de ‘Amor mío’ y ‘Cuando tú no estás’. Raphael no es muy de ‘medleys’, pero sí de adaptaciones abreviadas, su modo de acomodar hasta 26 temas, como observamos en ‘Cierro mis ojos’.
Fue un Raphael resolutivo, que no estuvo para perder el tiempo con parlamentos y que no dio las buenas noches más que para despedirse.
Al grano, aprovechando cada minuto y dejando que sus canciones hablaran por él.
Cancionero navideño
Su repertorio es gigante y se deslizó hacia el ‘kitsch’ navideño en ‘La canción del tamborilero’ y la dinámica pop en los hitos ‘Ámame’ y ‘Escándalo’.
Economizando recursos, filtrando tics, cantó como en sus mejores días y dejó las aguas encrespadas por el maremoto final de ‘Como yo te amo’, confirmando de nuevo que, tras un percance de salud, no sale un Raphael devaluado sino más puro.

20.12.2025 23:40
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20251220/raphael-concierto-barcelona-palau-sant-jordi-diciembre-2025-linfoma-cerebral-125004194







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Posted - 21/12/2025 :  11:33:52  Show Profile  Email Poster
De nuevo Gracias Dani npor tus aportaciones. Gracias Alicia.







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maricarmenvkas
SuperRaphaelista

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Posted - 22/12/2025 :  14:08:09  Show Profile
Madre mía que recopilación de todo Dany !!!!!

No falta de nada, hasta el concierto integro !!!

Claro que 2026 será extraordinario !!!

y ahí estaremos para aplaudirle siempre a sus pies !!!

gracias por tanto Dany.

Y gracias por tus aportaciones Alicia !!!!

MARICARMEN.










MARICARMEN GONZALEZ.
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